DESESPERANZA

 

En desesperados momentos leo. Leo incontables traducciones de  textos primigenios con el solo afán de hallarle, vislumbrarle, saber si ES.

Otras, humildemente escucho voces bien intencionadas, aunque no me fío de palabra ajena: tradiciones orales se deshilan de boca en boca siglo tras siglo.

“Sagrado es el mito”.

Perdida, leo de nuevo hasta que el texto pierde el sentido y ya no es revelación, sino, monserga, letanía, predicamento. Adoctrinamiento (tal vez, perverso) en busca de un fin.

Una lluvia de singulares perspectivas abruma mi mente hasta crujir el hueso.

Busco. Me vuelco a la inversa y viajo en tibios y rojos canales, entre vísceras violáceas sin que nada visto niegue o confirme.

¿Existe?

¿Qué es realmente?

¿Será que es  luz o falta de sombra?

Como dicen… ¿Un plan infinito o caprichoso estallido?

¿Amorfo? ¿Multiforme? ¿Es Él o es Élla?

¿Promesa de Vida Eterna a cambio de años de martirio?

¿Es motivo o consecuencia?

¿Necesidad, invento de los hombres, herramienta de poder para el Poder?

Hambrienta, brinca mi alma esta vez, hacia afuera, a lo alto, hasta encontrar polvo de estrellas. Grandiosos  brillos estelares dibujan órbitas perfectas y nada parece romper el delicado equilibrio.

Sobrecogida,  me digo que todo ello debiera bastarme para creer en un Gran Arquitecto capaz de diseñar todas las maravillas de cielo y tierra y posibles estados que conocer…

…mas, está esto, que roe, que arde, que aterra, que congela el pecho y desmenuza las ideas hasta rozar la locura. Esta indefensión ante lo desconocido. Esta desesperanza ante lo conocido. Este saber y no saber…Esta falta de sentido…  Esta resistencia…Esta entrega…

Y esta férrea gratitud por estar consciente durante el denso y leve tránsito entre Vida y Muerte.

 

Amanda Espejo

Quilicura / diciembre – 2018

 

 

 

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…Y un día te despiertas pensando que “hoy sí vas a poder”, que podrás doblarle la mano a la pastilla que adormece tus demonios y serás capaz de comenzar y terminar algo, cualquier cosa que sirva para confirmar tu esencia.  Entonces…tímida para escribir, cierras los ojos en busca de las señales que guíen lo que va tomando forma en tu interior.

Crear. Crear es la  imperiosa orden del momento. ¿Qué cosa? Lo que sea, lo que fluya.

Entornas los ojos nuevamente y, no cabe duda, lo que prima son las imágenes. Por lo tanto, vuelves a tu rincón-taller, al viejo escritorio que alberga sinfín de materiales con los que sueles dar forma  a la idea necesaria. Está desordenado al máximo, polvoriento; nido -estás segura-, de alguna pequeña araña que encuentra entre tan variado vericueto, un refugio de lo más “mono”.

Limpias, lo mínimo. Soplas el polvo que afea todo con sumo cuidado para no ver volar las letras y recortes con los cuales -ya lo decidiste- trabajarás en cartón  un nuevo collage para encuadernar los librillos que quedan rezagados. Práctica. Siempre lo has sido.

Buscas entre los cartones que aún te quedan algún trozo que alcance para las medidas requeridas. Lo encuentras, lo cortas, lo observas y… “¿Qué hago ahora? ¿Me voy por el tema o, según las imágenes más llamativas decido que hacer?”

Dudas. Las de siempre. Para no perderte en ellas, optas por delimitar planos: tierra y cielo, en cada una de ellas. Hecho aquello, ¡ya puede “nacer” el resto!

…Entonces, cada página de revista vieja que guardas para el caso, parece ofrecerte un mundo  de posibilidades para tu “nuevo espacio”.  Y buscas, encuentras, recortas, ¡con qué placer! , verde, mucho verde para ofrendar a la tierra que parirá personajes que la poblarán. Y animales, (siempre tratas de incluir alguno de ellos) y flores, y caminos y ladrillos que edifiquen muros y cercas, y montañas…y cielos brillantes, azules y lilas, en donde no quepa el gris.

Retocas con el pincel donde sea necesario y miras…contemplas si el conjunto tiene el equilibrio necesario. No. Falta algún detalle “cool”, que rompa tu porfiado estilo realista. Un ave, de madera junto al perro “real”, unos caballos de fantasía  en el jardín tradicional. Y encolas, encolas y  encolas, hasta el momento de las letras: otra búsqueda lenta y paciente, y…ya está: el título está hecho. Todo a secar.

Breve pausa a media tarde. Medio comer, mucho beber, un leve pestañeo…y retomas.

Es el momento en que una conocida y grata  efervescencia se apodera de ti: llega el momento de encuadernar.

Parece increíble…las horas se han deslizando por este día tranquilo sin que nada perturbe tu deseo de seguir, de completar la tarea. Para ello está la vieja prensa “hecha a mano”, el pegamento, el hilo, la aguja, la expectación, la ansiedad.

…Pero hay que esperar, y es tanto tu entusiasmo que aprovechas a toma un par más de cartones para “dejar fluir” en un paréntesis obligado. Esta vez el negro es la base necesaria para estallar en color.

El tiempo. Las horas. Pasan.

Por fin, tarde noche, te atreves a soltar la prensa y enfrentarte al resultado de todo un día de lucha contra el desánimo, el “déjalo ahí”. Y es grato el resultado…sinceramente, – independiente de cualquier opinión- , hermoso a tus ojos y a tu alma. ¡Qué valioso te parece algo tan simple! Es…cartón. Colores. Papel. Cierta habilidad manual.

¿…?

Es allí que sonríes, te regocijas para ti misma hasta las lágrimas, porque lo sabes. Sabes, que más que un objeto o una manufactura lograda, lo que has podido hacer en este día ha sido reencontrarte y reconocerte a ti misma.

Y aún estás viva.

 

 

Amanda Espejo

Qulicura, enero – 2018

 

 

 

SI TE CAES, PÁRATE COMO PUEDAS

 

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A tropezones. Así ha sido mi escritura durante este año 2017 que ya acaba. Siendo sincera, no ha sido solo la escritura, sino, todo: lectura, escritura, manualidades, proyectos (o intentos “de”), relaciones y vida en general. Así y todo, no me quejo. Noto una leve mejoría en la crisis emocional/mental que me dejó literalmente por el suelo. Por ello, esta noche escribo: para obligar a mi mente a hilar palabras correctas, entendibles, delineadas sobre el papel cuadriculado del viejo cuaderno con esta mano rebelde que, a pesar de tener un lápíz de trazo nítido, firme, y suave a la vez, se niega a recuperar la caligrafía que me es propia. Obviamente, al transcribir esto al teclado, no habrá defecto alguno, pero la intención, la tarea que me autoimpongo día a día, es recuperarme, reencontrarme, reconocer mis altos y bajos como lo he intentado toda mi vida.

Cuesta.

En fin…¡qué se le va a hacer! No queda más que poner empeño y porfía para que el último acto sea lo más digno posible; ojalá, con mis facultades lo suficientemente aptas para reconocer la importancia  del momento, y aquilatarlo como corresponde: sin exceso de temor y con el agradecimiento justo por todas las bondades recibidas. Recalco: bondades. Por lo menos hoy, me niego a decir la frasecita “politicamente correcta”,  y trillada en exceso: “Agradezco también las cosas malas que me sucedieron porque, gracias a ellas, pude crecer”. Mentira. Un asco. Las estaciones  “oscuras” no hicieron más que ensuciar y desperdiciar  el tiempo asignado con diversos tipos de sufrimiento, sin los cuales, sin duda, yo hubiese estado y sido mucho, mucho más feliz, y de seguro no hubiese angustiado a mi entorno con mis altibajos emocionales o, como les digo, totalmente resignada: “mi bipolaridad no diagnosticada”, por los siglos de los siglos….Amén.

 

Amanda Espejo

Quilicura, diciembre – 2017

 

Siete textos originales, en una presentación de plegado, es los que contiene este homenaje poético a la figura materna, escrito desde el fondo del corazón…

A modo de presentación:

 

A LA INVERSA

Este proyecto (más bien una deuda),  lo tenía en mi mente desde hace mucho. Por uno u otro motivo se fue quedando en espera; hasta que casi dos años atrás me vi inmersa en un período de retrospección, de desánimo y desencanto  como nunca había sentido hasta ese momento.  Con mayor razón, todos los íntimos planes  inherentes a literatura o exclusivamente personales quedaron guardados en la gaveta de “lo imposible”.  Hubo bastante tristeza en mi vida. La hubo, la hay, y creo siempre la habrá en mayor o menor medida, pero supongo no es culpa de nadie, sino, rasgos característicos de mi persona vaya una a saber heredados de quién.  Sin embargo, resulta imposible en ello obviar ciertos temas, y uno de ellos -tal vez el más importante-  está presente y es hilo conductor de esta manufactura literaria: las madres. Mi madre.

No es primera vez que trabajo en torno a su figura, a su nombre, a su memoria, a su falta. Y esta vez decidí aunar algunos textos poéticos y de narrativa que giraban en torno a su persona en un solo lugar: un pequeño libro “objeto” o de autor trabajado lo más manualmente posible. El cartón ayuda a ello, tal como los pinceles, las pinturas y/o accesorios a voluntad, mas, lo indispensable, es el imperecedero deseo de cercanía con el ser querido, con el comienzo, con el origen de nuestra vida (con el principio de nuestra muerte) y todas las emociones encadenadas que conforman su  devenir.

Y aquí estamos, madre…Tratando de ganarle a los años; a los recuerdos no recordados;  a la apatía que carcome el hueso y al desafío que supone desnudarse a través de las letras, nuevamente, en pos de ti. Todo valdrá la pena si con ello logro alivianar el espíritu en otro intento de remontar el río a la inversa, hasta  el refugio húmedo y tibio que nunca debí  abandonar.

¿Me esperas madre?

¡Ya voy!

Amanda Espejo

Quilicura / noviembre 2016

Mi agradecimiento  a la maestra Reyna Hernández Haro, por incentivarme a escribir este “saludo literario”, para compartir, aunque de lejos, con el pueblo mexicano:

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Sobre los Procesos Creativos en Literatura
(Breves alcances sobre la importancia del camino en el oficio de escribir)

Tal como está diseñado en cada aspecto de la vida, en la creación literaria existe un camino particular que recorrer antes de llegar la obra deseada o concluida. Son estos procesos o hilar de sucesos los que, a mi parecer, enriquecen sobremanera el producto final.

Con el arte, bien lo sabemos, no se lleva el concepto de lo instantáneo. Al contrario, cada paso transitado en busca de lo anhelado resulta emocionante, conmovedor y hasta mágico. Naturalmente, lo expresado no tiene que aplicarse como un axioma o verdad inapelable. Somos tan diversos los seres humanos, tan singulares en virtudes, inclinaciones, perspectivas y defectos, que cada cual tendrá su método de preferencia en particular.

Si nos atenemos a la escritura en prosa, sea breve o extensa, es muy posible que un método de rigor sea provechoso y logre regularmente los frutos deseados. Un proceso de ese tipo, suele constar de pasos muy marcados, recurrentes y abundantes en palabras que, según la destreza del autor, llegarán o no a buen puerto.

Sin embargo, la poesía es tema aparte. Soy una convencida – y así me lo dicta mi experiencia- que para “atraparla”, debe haber una gran cuota de inspiración: un estado especial de sensibilidad en el alma que unida al buen manejo de los recursos literarios necesarios, logrará verter en el papel o pantalla, una muestra de humanidad, ya sea al expresar amor, dolor o rabia. Un considerable respeto por el lenguaje unido a una pizca de sazón de magia, y allí lo tenemos: nuestro poema emerge ante nuestros ojos como un milagro de expresión que muchas veces, ni nosotros podemos creer.

Ese acto creativo se podrá valorar o calificar de mil maneras, pero, insisto en expresar mi humilde opinión: su valor intrínseco, más allá de la belleza o el impacto que provoque en el receptor, es que ayuda a reconocernos. Es, lisa y llanamente nuestro reflejo: a veces conocido, otras ignorado, pero allí estamos, desnudos frente al espejo de nuestros ojos y de quienes nos leen o escuchan. Cada paso del proceso que nos transporta a este instante, resulta, ni más ni menos, que una parte insoslayable de la Vida misma.

 

Amanda Espejo / Quilicura / octubre – 2016

Biblioteca Pública del Estado de Jalisco / Día de la Escritora

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Sobre CUENTOS, de Ruth Pérez Aguirre

(edición cartonera de Olga Cartonera)

 

No es de extrañar que muchos/as escritores/as de literatura “adulta”, dediquen alguna parte de su tiempo a escribir sobre y para el mundo infantil. Es más: personalmente, pienso es una suerte de homenaje obligado hacia el preciado momento de la infancia, ese que todos transitamos y que, en la mayoría de los casos, no quisiéramos abandonar jamás.

Ruth Pérez Aguirre cumple con esta “tentación” a cabalidad, tal como si fuese un tributo anexo para agradecer a las musas por el constante fluir de su inspiración. Lo hace, estoy segura, con una sonrisa prometedora en los labios; con un leve temblor de misterio en cada punta de los dedos, mientras estos recorren el teclado para escarbar entre letra y letra, los nombres de los personajes que han de poblar cada ambiente dictado por su imaginación. Lo hace, me atrevo a asegurar, por un sentido de equidad, ya que existe una deuda no pactada en cada ser humano responsable con la infancia de hoy, con estos niños y niñas insertos en un mundo casi incomprensible, donde la magia de la palabra, esa que despierta el imaginario de la inocencia, es ya algo casi extinto.

¿Cómo no intentar, cual empresa quijotesca, compartir algo de ese mundo maravilloso que llevamos guardados en el corazón? Imposible. Entonces, ella lo hace, una y otra vez, como escala obligada entre sus novelas de muchas páginas, recorta parte del tiempo como si este fuese una caja más de cartón… y escribe, dibuja, pinta, y hasta imprime diversos pequeños mundos dedicados a la conciencia infantil. Porque ese es el camino en el que cree Ruth y hacia allí van sus pasos: crear una historia, compartir, asombrar, entretener, y sobre todo, sembrar en estas nuevas personitas, además del amor por la lectura, la importancia de cada acto personal cuando se quiere ser parte de un mundo positivo, como el que todos ansiamos muy dentro del corazón.

 

 

Amanda Espejo

Quilicura / octubre – 2016

(Fotografía superior, gentileza de Olga Cartonera).

 

RUTH PÉREZ AGUIRRE/ Nacida en Mérida, Yucatán, actualmente reside en Tabasco, México.

Maestra normalista, es egresada de la Escuela de Escritores “José Gorostiza” SOGEM, diplomada en Creación Literaria.

Su amplia obra como autora, destaca en los géneros de novela, novela breve, literatura infantil, poesía y cuento.

Ha colaborado en múltiples antologías de narrativa y poesía, en diferentes ciudades y países, en español e italiano.

Ediciones htuRquesa (2012), editorial cartonera de su creación, que ya sobrepasa los cinco años de vida.

 

BUENOS DÍAS TRISTEZA

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Buenos días o buenas tardes, o buenas noches, da lo mismo. El fondo no cambia.

Ilusa yo, soñaba con que este año sería más tolerable que el anterior, pero me doy cuenta solo expresaba un deseo. La realidad es otra.

Tú llegas, tristeza, y todo buen augurio sucumbe.

La intención se divorcia del acto y la mente deambula pendular, de un extremo a otro.

“Por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa”.

Así reza una oración tradicional de los católicos, y así recé yo repetidas veces, golpeándome el pecho durante el rito a seguir en mis años escolares.

Así, inocente, repetí la letanía aún sin comprender del todo su significado, pero intuyendo algo amenazante se cernía sobre mi pequeña cabeza de siete u ocho años.

¿Fue allí que arribaste, tristeza

Me atrevo a afirmar que no, que fue antes, mucho antes.

Tal vez me acunaste en tu soporífera niebla desde el mismo saco uterino.

“Por mi culpa, por mi culpa…”

A pesar del importante lapso de tiempo que me separa de aquél momento, sigo, inconscientemente, repitiendo el estribillo desesperanzador, herencia de un legado patriarcal.

Innegablemente, si en aquél entonces no comprendía ni asumía el peso de la culpa, hoy aquello se ha magnificado a consecuencia de los errores cometidos.

Cómo quisiera poderme sacudir todo!

Errores propios y ajenos. Culpas. Remordimientos, fastidio, ira, desconsuelo. Mas, no alcanza una vida para ello.

Y sigo aquí, cada vez más aislada, girando apenas la rueda del molino mientras la molienda, cada vez más escasa, no es capaz de saciar el apetito del alma.

“Sobrevuelos” digo, cuando pienso en lo que hago, pero la verdad…diría que apenas camino.

 

Amanda Espejo, Quilicura/ abril – 2016

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